domingo, agosto 31, 2008
miércoles, agosto 20, 2008
La Sra. Pava
Autora: Lily García
Publicado en el periódico: Primera Hora
En abril pasado les conté acerca de una pavita real llamada Lulú que conocí en Miami.
Según me explicó una amiga en aquel momento, la pava llevaba años en esa calle de Coral Gables, y recientemente los vecinos habían decidido hacerla feliz trayéndole un novio. Le compraron un pavo real, pero durante meses Lulú se negó a cruzar la calle y entrar al patio donde la esperaba Fred (así le pusieron al novio). En aquel momento escribí que las cosas en la vida no pueden forzarse, que hay que darles su tiempo y que tal vez Lulú era feliz como era y no tenía interés alguno, a pesar de las buenas intenciones de sus vecinos, de someterse a la definición que ellos tenían de “felicidad.”
Esta semana, sin embargo, me llegó un correo electrónico desde Miami. En él me anunciaban que Lulú no solamente cruzó la calle, sino que se empató con Fred y pronto van a ser papás. Se la pasa sentadita incubando los cuatro huevos que le darán pavitos en cualquier momento. A pesar de que Fred llevaba meses chillando desde el otro lado de la calle, pero no fue hasta que Lulú estuvo lista que decidió cruzar. Porque fue ella la que cruzó, la que tomó la decisión, y la que escogió estar con Fred. Y lo hizo cuando ella quiso, no cuando los demás querían.
Me da la impresión que Lulú es una hembra emocionalmente madura y segura de sí misma. Le tomó su tiempo analizar las cosas, pero cuando tomó la decisión, no perdió tiempo en actuar.
El saber establecer un balance entre meditar o pensar las cosas, y tomar acción sobre ellas, es un arte. Hay personas que pasan años meditando sobre si tomar o no una decisión, y otras que no lo piensan dos veces para lanzarse de pecho. Ambos estilos son peligrosos, el primero porque resulta cómodo y nos permite posponer y seguir posponiendo con la excusa de que queremos “tomar la decisión correcta”.
El otro, el del impulso, tampoco es saludable porque aumenta las posibilidades de meter la pata. Por eso digo que establecer un balance entre ambas tendencias se convierte en un arte y en una característica bien importante de las personas que considero emocionalmente maduras.
Otra señal de madurez que podemos copiar de Lulú es que aparentemente ella entiende que podemos cambiar de opinión. De primera intención Fred no le interesaba, pero, finalmente, se dio la oportunidad. Y no quiero de ninguna forma restarle méritos a Fred que fue sumamente insistente a pesar de que ella siguió ignorando sus chillidos desde el patio todas las madrugadas durante meses. Nada, que la pavita cayó enredada en sus redes, o mejor dicho, en sus plumas.
¿Cuál será el futuro de Lulú y Fred? No lo sé. Leyendo acerca de los pavos reales me encontré con un dato que dice que éstos tienen una tendencia a la poligamia. Claro, como están solos en el vecindario hay una alta probabilidad de que continúen juntos hasta que la muerte los separe. Pero no puedo dejar de preguntarme qué pasaría si apareciera competencia. Esa sería la prueba de fuego para la madurez emocional de ambos.
En el caso de Lulú yo quiero pensar que no me defraudaría y se comportaría como toda una dama. Pero uno nunca sabe…
jueves, agosto 14, 2008
Fe + Obra
Un día, su hermano mayor construyó una pequeña trampa para cazar gorriones, y a la niña le pareció muy repugnante. Sintió pena por los pájaros que pudiese cazar y se enojó con su hermano por lo que estaba haciendo. Cuando él se negó a responder a sus discusiones y ruegos, ella le informó a él y a toda la familia: “Voy a orar por esto”.
Tres noches después, su rostro estaba radiante mientras oraba a la hora de acostarse, expresando con absoluta fe su seguridad en que las trampas no iban a funcionar, y que ningún pájaro sería lastimado. Luego de terminar su oración, le preguntó su madre: “Hija, ¿cómo puedes estar tan segura de esto?”
La pequeña sonrió y dijo: “Porque salí hace tres días y rompí la trampa a puntapiés.”
Aunque sería poco sabio tomar todas las cosas en nuestras manos, ¡siempre lo será comenzar por poner todo los asuntos en las manos de Dios!
Santiago 2:26 La fe sin obras está muerta.
sábado, agosto 09, 2008
Marisol y los tres chinitos
Las figuras de tres chinitos adornan una de las tablillas de mi habitación desde hace poco más de un mes. Mi prima Marisol llegó cargando con ellas y con un montón de tereques más antes de mudarse de vuelta a Orlando. Y digo de vuelta, porque llevaba menos de seis meses viviendo en Puerto Rico cuando ella y su esposo se vieron en la obligación de recoger los bártulos y volver a saltar el charco. Todo comenzó el año pasado, cuando la economía comenzó a deteriorarse en EE.UU. y el esposo de mi prima perdió su trabajo en Orlando. Llevaban siete años allá, y aunque venían a Puerto Rico frecuentemente, habían hecho un grupo maravilloso de amistades y estaban felices en la Florida.
Afortunadamente, mi primo consiguió trabajo en Puerto Rico, así que, abiertos a una nueva etapa en su vida, pero algo tristes por lo que dejaban atrás, regresaron a la Isla. Alquilaron una casa, y dejaron la de Orlando con un “se vende”. Y así pasaron los meses. Y un día, sin explicación ninguna, los mismos que se habían traído a mi primo a trabajar con ellos lo dejaron sin trabajo. “Las cosas están malas”, fue la explicación que recibió tras el nuevo golpe. Y luego de semanas buscando una nueva alternativa, pensaron que era ridículo seguir pagando renta aquí cuando tenían una casa allá que todavía no se había vendido. Y comenzaron a empacar de nuevo.
Y así llegó Marisol a casa con sus bártulos. Sus casas siempre han estado llenas de cosas lindas. “Tengo demasiadas cosas, me dijo, así que aquí te traigo unas cuantas para que las repartas con tus hermanas”. Lo primero que me enseñó fueron los tres chinitos. Uno de los chinos era viejito, el otro, de edad mediana, y el tercero jovencito. “Representan el pasado, el presente y el futuro”, me explicó mi prima. “El problema es que el presente está roto, ¿ves aquí?”, y me señaló mientras me entregaba cuidadosamente el pedacito que se le había desprendido. “Se rompió, pero se puede arreglar”.
Mi esposo me arregló la figura y ahora las tengo en mi dormitorio. Cada vez que paso frente a ellas, pienso en Marisol. Recuerdo cuando enviudó a sus treintipico de años con tres niños pequeños. Durante los difíciles años que siguieron, perdió también a su padre, y más recientemente a su hermano, mi primo. En medio de los momentos más difíciles de su vida, siempre ha tenido una sonrisa y sus palabras siempre han estado marcadas por una dulzura y una fortaleza envidiables. Ha llorado mucho, pero se ha secado las lágrimas y ha continuado caminando porque como ella bien dice: “Hay que reinventarse. Dios sabe por qué hace las cosas”. Después de todo lo que ha pasado, ¿qué significan para ella dos mudanzas en seis meses? En realidad, no mucho.
Es posible que Marisol se esté enterando ahora de que es una de las personas que más me han inspirado en mi vida. Hace unos días hablé con ella. Se preparaba para recibir a su hijo, su nuera y su nieto, quienes iban a viajar desde Miami a visitarlos a Orlando. Se reía contándome que iba a ser como un camping porque todavía no les ha llegado la mudanza, así que están durmiendo en colchones inflables. Y pensé en los chinitos y en sus palabras. “El presente está roto, pero lo puedes arreglar”. Sí, así es, prima querida, el presente es lo único que podemos arreglar.
Escrito por: Lily García
Publicado en: Periódico Primera Hora
jueves, agosto 07, 2008
Regreso + Gratitud
Leandra Lynch acababa de terminar la residencia médica en el hospital de Woodland Hills, California. Como era miembro del equipo de residencia con menor tiempo no podía escoger turno, por lo que le correspondió trabajar en emergencia la noche del 24 de Diciembre de 1980.
A las 9 en punto de la noche llegó la ambulancia con un hombre de unos 65 años, pálido y muy asustado, quién había sufrido un infarto. Leandra le atendió con mucho amor y cuidado y al día siguiente cuando ella termino la guardia lo encontró dormido pero ya restablecido.
Al año siguiente le correspondió a Leandra nuevamente la guardia el 24 de Diciembre.
A las 9 de la noche le informaron que una pareja deseaba verla.
Cuando ella salió el Señor le dijo: " Soy el señor Lee, el año pasado a esta hora usted me salvo la vida y vine a decirle gracias por el año que me regaló". Su esposa y él abrazaron a Leandra y le dio un regalo. Leandra quedo muy conmovida.
El año siguiente cumpliendo guardia nuevamente el Señor Lee llego a las 9 de la noche esta vez con un niño de brazos. Quería mostrarle su nieto y agradecerle otro año de vida.
Durante 13 años el Señor Lee y su esposa visitaron religiosamente a Leandra a las 9 de la noche de cada 24 de Diciembre, solo para decir : "Gracias".

El Señor Lee murió después de trece visitas navideñas al hospital, pero aun hoy Leandra, su familia y sus amigos tocan la campana de cristal que él le regalo a las 9 de la noche de cada 24 de Diciembre y brindan por el hombre que jamás olvido volver.
Agradecimiento es una palabra que muchos olvidan pero que el acto mismo encierra un milagro.
Nunca olvidemos ser agradecidos.
2 Corintios 9:11 Para que estéis enriquecidos en todo para toda bondad, la cual obra por nosotros en acción de gracias á Dios.
Entonces uno de ellos, como vio que estaba limpio, volvió, glorificando á Dios á gran voz; y cayendo sobre el rostro á sus pies, le dio gracias: y éste era Samaritano.
Luc 17:15,16
Romanos 1:21 Porque habiendo conocido á Dios, no le glorificaroncomo á Dios, ni dieron gracias; antes se desvanecieron en sus discursos, y el necio corazón de ellos fué entenebrecido.