miércoles, octubre 22, 2008

La sonrisa de los felices


Autora: Lily García
Publicado en: Primera Hora

Dicen los que saben que la felicidad es algo que se puede aprender. Este concepto me parece fascinante. Un estudioso del tema de la felicidad relató una historia que demuestra como un niño, desde pequeño, puede ya comenzar a demostrar destrezas que pueden predecir cuán feliz será cuando llegue a adulto.

Cuenta la historia que dos hermanitos recibieron una madrugada regalos de los Reyes Magos. Cuando llegó la mañana, el papá de los niños fue a verlos jugar con sus regalos. Entró a la habitación del primero de sus hijos y lo encontró frente a un hermoso tren de baterías. El padre le preguntó: “Hijo, ¿estás feliz?” Y el niño, sumamente serio, le contestó “No, papá, no lo estoy. Este juguete es tan bonito que en la escuela los otros niños me van a envidiar. Además, pronto se me van a agotar las baterías y entonces no podré utilizarlo hasta que me compren nuevas”. El padre dejó a su hijo jugando tristemente con su hermoso juguete y fue a la habitación del hermanito.

Cuando abrió la puerta, encontró a su otro hijo en el suelo sentado frente a un montón de excremento de caballo. “Hijo, ¿qué es esto?” le preguntó el padre sorprendido. “No sé, papá”, contestó el niño con una sonrisa de oreja a oreja, “pero debe haber un caballo cerca”. Un niño que puede ver el caballo detrás de un montón de excreta, va a ser feliz no importa lo que le traiga la vida, yo se los aseguro.

Todos nosotros conocemos personas adultas que viven quejándose, maldiciendo y siempre buscándole faltas a las cosas. Para estas personas las cosas más hermosas de la vida pueden pasar completamente desapercibidas. De la misma forma que el primero de los hermanitos, estos seres no pueden disfrutarse las maravillas que pueden tener frente a ellos por estar demasiado preocupados por lo que va a ocurrir después. ¿O será tal vez que piensan que no se merecen lo que tienen y por eso no pueden disfrutarlo? ¿O será que ni siquiera saben cómo se siente ser feliz porque siempre están buscando la felicidad en “algo más”?

Cada persona es un mundo, así que las razones que tienen los infelices para seguir siéndolo es algo bien personal. Pero qué pena que no se den cuenta del daño que se hacen a sí mismos, y a aquellos que tienen alrededor, especialmente cuando tienen niños. Los niños aprenden de lo que escuchan y de lo que ven. Los niños aprenden sentido del humor cuando ven a sus padres y a otros adultos a su alrededor reírse con frecuencia y hasta de sí mismos. Los niños aprenden a disfrutar las pequeñas cosas cuando ven a aquellos que los están criando celebrar también esos pequeños momentos. Los niños aprenden a sonreír y a ser amables con los demás, cuando ven a sus padres siendo considerados y creando lazos de cariño y respeto con otras personas.

Esta semana estaba hablando con mi hermana, quien es maestra en una escuela en Tampa, y tiene a su cargo el grupito de los niños “patrulleros” que dirigen el tráfico a la llegada y salida de la escuela. Me contó que le ha dado instrucciones a sus pequeños patrulleritos a que, sobre todas las cosas, le sonrían a cada uno de los padres que llegan a traer a sus hijos. Y en el caso que alguno de estos padres o madres no les devuelva la sonrisa, que se las pidan con mucha dulzura. Según aquellos que estudian la ciencia de las expresiones faciales, de la misma forma que una emoción nos puede llevar a hacer un gesto, un gesto puede también ayudarnos a descubrir una emoción. Así que comiencen a sonreír, aunque sea, como decimos en buen puertorriqueño, “con las muelas de atrás”, a ver si poco a poco pueden llegar a ver el caballo detrás de la pila de excremento.

Puedes escribirle a: lily@lilygarcia.net

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